31 de mayo de 2011

Comtestrudel

detalle comtestrudel


Cuando mi endocrino, después de tres meses a dieta estricta, me preguntó ¿Qué es lo que más echas de menos? No dudé ni un momento “QUESO y JAMÓN”, una realidad que tengo asumida desde mi más tierna infancia.

¿Por qué desde mi infancia? Por culpa del “queso del cura”, que dicho así suena un poco raro, pero es que realmente era el queso del cura de mi pueblo, Petín de Valdeorras. Era un queso amarillo anaranjado, tipo bola pero sin bola, ligeramente salado y con un olor delicado que aún hoy me emociona recordarlo. No sé de donde salía aquel queso que venía enlatado, una lata sin etiquetas, como las de tomate de antes pero de unos 5 ó 6 kilos, yo que sé, grande, muy grande o me lo parecía porque yo era pequeña, muy pequeña.


ingredientes


Los protagonistas:

- 250g de queso Comté
- 8 hojas de masa filo
- 2 plátanos
- 50g de azúcar
- 12 espárragos verdes hermosos
- 1 puerro
- 125g de mantequilla
- 50ml de aceite de oliva virgen extra
- Sal y pimienta


esparragos


Bien limpios los espárragos los corto en rodajitas, menos las puntas que reservo enteras. También limpio el puerro y lo corto en rodajas.

Con 25g de la mantequilla y el aceite sofrío espárragos y puerro. Salpimiento. Cuando está hecho, lo paso a un colador para que escurra el exceso del aceite y la mantequilla y dejo enfriar.


platanos con azúcar


Pelo los plátanos y los corto en rodajas como de 2cm y los pongo sobre la sartén donde está esperando el azúcar. Ahí los dejo a fuego lento hasta que el azúcar sea caramelo. Los paso a una fuente untada con aceite y dejo que se enfríen.

Rallo unos 50g de queso.

Fundo el resto de la mantequilla y con ella voy pintando cada dos láminas de filo a la vez que extiendo también unos trocitos del queso rallado. Para que esta parte resulte más sencilla doblo las hojas de filo como si de un libro se tratara, de forma que primero pinto las páginas de la derecha y después las de la izquierda. Añadir que las láminas de filo las tengo sobre un paño bien limpio.

Ahora, para que la película funcione, el montaje final, de él dependerá el éxito final.


relleno gratinado


Rallo sobre toda la superficie la mitad del queso, por encima el sofrito de espárragos y puerro repartiéndolo bien, ya que no tiene que quedar súper cubierto, son al igual que el plátano, actores de reparto. Ahora las rodajitas de plátano, algunas un poco rotas, pero no pasa nada.

Por encima de todo, el resto del queso, que voy rallando directamente sobre toda la superficie.

Con cuidado y ayudándome al principio con el paño voy enrollando las hojas con el relleno, procurando que no se salga nada y por supuesto que no se rompan las hojas. Lo acomodo en una fuente de horno. Pinto la superficie con un poco de mantequilla.

Ya solo falta cocerlo en el horno, que estará con la temperatura adecuada, 180ºC. ¿El tiempo? Como siempre dependerá del tipo de horno, pero en el mío paso unos 20’.

Para presentarlo he espolvoreado por encima un poco de azúcar glasé y listo para comer, tanto frío como caliente, mejor templado o no habrá quien lo corte.


comtestrudel


Y… aunque esté feo decirlo lo diré, uno de mis catadores (y no es familia) dijo algo parecido a “me he quedado impactado”, bueno, es amigo y quesoadicto, como yo.

No sé si os gustará pero he disfrutado en su elaboración.

Última hora: Acabo de ver y de leer un posit pegado en la pantalla de mi ordenata con un mensaje que reza “concurso cocina hasta 15 de junio Tescoma - Pepekichen” y me he ido rápidamente a leer para recordar en que consiste y después de hacerlo me he convencido rápidamente por lo que sin perder tiempo me digo “la mando” y a esperar que la suerte me acompañe. Por si acaso ya estoy echando un vistazo a la tienda de productos Tescoma online.

22 de mayo de 2011

Yogurtaleta

detalle

Al pensar que podía hacer con un par de yogures, que además fuera comestible e intentar que también rico, no he podido evitar pensar en aquellos primeros yogures que comía cuando era una niña.

Venían en tarros de cristal, sí, ya se que ahora también los hay, pero son relativamente modernos pero me sirven precisamente para recordar aquellos primeros yogures que yo comía ¡Obligada! ¿Por qué? Sencilla y llanamente porque entonces, por lo menos a mi, tan solo me los daban cuando estaba malita y por supuesto sin azúcar, y claro, era incapaz, no podía con ellos, aquella acidez, aquella textura, o simplemente que no me gustaba, causa por la que durante muchos años fui incapaz de volver a comer un yogur natural por puro placer.

Hoy puedo decir que mis gustos han cambiado bastante, que ya he dejado de asociar el yogur natural con “la tripa mala” o lo que tocara pero sigo siendo incapaz de tomar yogur natural sin azúcar.

Para este plato he preferido utilizar yogur griego, más que nada porque me resulta más suave y cremoso que el tradicional. Diré que mi favorito es el yogur de coco.

Lo primero que he hecho ha sido preparar la pasta quebrada con:

- 250g de harina
- 150g de mantequilla cortada en cuadritos
-1 c/p de sal fina
- 1 huevo
- 1 c/s de leche fría

Hago un volcán con la harina, en el centro la mantequilla, el huevo y la sal y mezclo todos los ingredientes con las puntas de los dedos. Voy incorporando la harina poco a poco hasta que adquiera una textura granulada.

ingredientes_masa

Añado la leche poco a poco y sigo mezclando con la punta de los dedos hasta que la masa esté unida. Con la palma de la mano amaso la mezcla hasta que esté bien ligada. Formo una bola y bien envuelta en film plástico la guardo, como mínimo, una hora en la nevera.

Con la pasta ya fría preparo unas tartaletas que serán los afortunados recipientes que recibirán encantados el rico relleno. Sencillo, estiro la pasta y cubro con ella el interior de los moldes apretando lo justo para que se pegue bien a las paredes y procurando que la pasta no se rompa, aunque esta es fácil de arreglar simplemente poniendo un trocito más de pasta encima si fuera necesario.

rellenar_molde

Un poco de papel de horno en el interior para poner encima unos garbanzos o cualquier legumbre que haga un poco de peso para que la masa, que previamente he pinchado en el fondo con un tenedor, no se ahueque. Y al horno que ya estará caliente a 190º. Allí estarán 10 minutos. Pasado el tiempo quito las legumbres y los papeles y si hace falta, que la hace, las vuelvo a meter otros 5 minutos para que se dore un poco el interior.

Ingredientes para el relleno:

- ½ aguacate
- 1 yogurt natural griego
- 1 huevo
- 1 c/s de compota de manzana (natural)
- El zumo de ½ lima
- 2 c/s de aceite de oliva virgen
- Sal y pimienta
- 1 lata de alas de pato confitadas

ingredientes_relleno

Todos estos ingredientes, menos las alas, los pongo en una jarra y los trituro a la vez para hacer un puré. Lo reservo.

rellenas

Limpio las alas de su grasa y desmigo toda su carne, poca, porque mucha lata pero poca chica.

Las tartaletas que ya están listas, las relleno con la crema de yogur con aguacate que tengo reservada. Ahora, reparto la carne de las alas por encima y otra vez un ratito de horno. No demasiado, lo justo para que la carne de las alas se ponga casi crujiente.

Mezclo un poco de yogur con aceite y algo de vinagre, y pongo una cucharita de esta mezcla encima de cada tartaleta.

emplatado

Y listo para comer, fríos, templados, incluso calientes. Espero que os guste.

10 de mayo de 2011

Iba a ser una tarta de mojicones

Tarta de mojicones


Un compañero de trabajo, Juanjo, visita con frecuencia Valladolid aunque él es de Córdoba, pero Feli, su Sra. Esposa, sí que es de la tierra de los comuneros y por suerte para nosotros, para mí al menos, nos trae de vez en cuando dulces típicos de esas tierras castellanas.

Lo malo de todo esto es cuando coinciden los dulces “Juanjeranos” con los dulces “Margaritanos” que al no ser industriales tienen una fecha de caducidad mucho más corta y ello obliga a que sean de consumo rápido, lo que hace que alguno de los castellanos se pongan un poco raros, y eso es exactamente lo que les ha pasado a estos mojicones. Eran enormes, súper esponjosos, perfectos para mojar en un buen chocolate o en un café con leche, eso sí, te dejan la taza vacía de una sentada. Como diría el del chiste de la magdalena “… menos mal que lo he mojado o me chupa toda la sangre”, bromas aparte hay que buscar una salida.

Juanjo es incapaz de traer una muestra, no, él tiene que traer todo a lo grande y claro, pasa lo que pasa, y ¿qué pasa? Lo que tiene que pasar, que los pobres mojicones se quedaron tan secos que ni un buen tazón de líquido hacía fácil su ingesta. Y aquí surge el problema, somos incapaces de tirarlos y claro, al ver como Jesús (otro compi) se medio ahogaba intentando comerlos, porque Jesús es como yo, que eso de tirar comida lo lleva francamente mal, decidimos que aquello no podía ser. Así que allí seguían ellos, tan limpios, tan monos, tan incomibles, tanto tanto que decidí reutilizarlos, o mejor dicho, aprovecharlos, así que dicho y hecho y aquí os traigo el resultado.

Los ingredientes están todos puestos un poco a bulto, porque sinceramente no las tenía todas conmigo, ni sabía que iba a hacer con ellos, ni que podía añadirles, ni nada de nada, es más, lo único que tenía claro en un principio era hacer una crema con unos plátanos a punto de caducar, que bien aseados y con un poco de azúcar ya estaban en la sartén hasta que un pequeño despiste junto con un olor a chamusquina, acabó con ellos en la basura ¿Y ahora qué? Ahora lo que sigue.

- Los cuatro mojicones
- 8 dátiles muy picaditos
- Puñadito de pasas remojadas en ron
- Un trocito de turrón de guirlache
- Un Almíbar hecho con agua, azúcar y el ron de escurrir las pasas.
- Un litro de leche
- 6 cucharadas de azúcar
- Un sobre para hacer cuajada
- Un sobre para hacer flan
- Un paquete de galletas Oreo
- Un poco de mermelada

Después de todo esto pienso, si total, me podría haber ahorrado aprovechar los mojicones, pero no habría sido lo mismo, porque de no ser por ellos este postre no habría existido y yo no habría triunfado, porque vaya si estaba rico.


Lo primero fue quitar la parte exterior de los mojicones. Con lo que quedó hice lonchas con las que cubrí el fondo de un molde redondo y generoso.


los_mojicones

Preparé un almíbar con agua, azúcar a bulto, el ron de las pasas y una cucharada de mermelada. Con el resultado barnicé sin piedad los mojicones hasta terminar con todo el almíbar.


emborrachar-mojicones


En un mortero aplasté bien el turrón de almendras, añadí los dátiles, las pasas y mezcle bien el conjunto.


pasas_turron

Con medio litro de leche y el sobre de cuajada preparé lógicamente, cuajada, y aquí puse la mitad del picadillo que estaba en el mortero. Con cuidado pasé esta cuajada al molde y dejé que se enfriara un poco.


la_cuajada segunda_capa

Como la cuajada no terminaba de cuajarse y yo no podía seguir esperando no se me ocurrió otra cosa que machacar un paquete de galletas Oreo y echarlas por encima de la cuajada para que hicieran de soporte para que el flan no se mezclara con la cuajada ¡Funcionó!


las_oreo

Del mismo modo preparé con otro medio litro de leche y el sobre del flan, y también le añadí el resto del picadillo que quedaba en el mortero. En esas ocasiones es cuando agradezco tener en casa sobres de este tipo, aunque nunca hago flan porque a mi hija no le gusta, pero está bien tener por si las moscas.


el_flan

Ahora a la nevera, a que termine de cuajar y este bien frío para que de su último paso.


Una vez fuera del molde le puse por encima un poco de azúcar glas, creo que ya llevaba bastantes ingredientes por lo que no era necesario poner más adornos que los justos para enriquecer las fotos.


Tarta de mojicones


Merece la pena hacer este postre aunque no tengáis mojicones, cualquier bizcocho que haga de base será suficiente, pero la mezcla de cuajada, flan, oreos y mojicones ha merecido la pena.

5 de mayo de 2011

¡Ni se te ocurra tirarlo!

Huevo roto



¿Que un huevo se rompe al freírlo? ¡Ni se te ocurra tirarlo!

Francamente, me empiezo a preocupar por mí misma, un huevo, un solitario y triste huevo roto que nadie quiere, que te mira con tristeza y parece preguntarte ¿Por qué? ¿Por qué me tiene que pasar a mi? Ya no voy a formar parte de ese trozo de generoso pan hundiéndose en mi hermosa yema, sencillamente porque mi yema no es hermosa… pobre de mí :(

¡Dios! Pedazo rollo os estoy contando, pero… ¡Sí! Precisamente fue el llanto del pobre huevo lo que escuché cuando mi hija me preguntó enseñándome el plato ¿Lo tiro? Respuesta, si, bueno no, no sé, mejor déjalo tapado y ya veré, para tirarlo siempre hay tiempo. Esto pasaba un miércoles

Día siguiente, jueves santo, al abrir la nevera veo el platito con el huevo y unos trocitos de jamón también sobrantes, 2 trocitos para ser exacta ¿Lo tiro? Mejor preparo un aperitivillo, y así fue como este pobre huevo tuvo su momento de gloria, breve momento pero intenso.



el huevo roto



Tan sencillo como picar un trocito de pimiento rojo, otro de pimiento verde, pizca de aceite en una sartén, sofreír los pimientos.


Plátano maduro a la vista, buenísimo, pues hala, también a la sartén después de trocearlo, claro está. Turno para el huevo, que al estar completamente frío no ofrece ninguna resistencia.



la mezcla


El tiempo en la sartén es mínimo, tanto para el plátano como para los pimientos. Fuera del fuego añado el huevo. Ahora, y sobre unas rebanaditas de pan de pasas tostado, voy colocando una cucharita de la mezcla sobre cada tostada. Seis, no daba para más, pero suficiente. Sobre cada una de ellas un trocito de queso Brie.

Como el horno estaba caliente, pero apagado, metí las tostadas justo para que el queso se fundiera y vaya, que bocado tan generoso.



emplatado



Y aquí termina esta historia del huevo roto, feliz por su humilde final, pero haciendo disfrutar tanto a nuestros paladares como lo habían hecho un día antes sus compañeros de envase.

¡Buen provecho!